Memorias de Antonia – Viva la matria!

¿Tenes ganas de sumergirte en una emocionante y universal fábula feminista? Entonces estás en el lugar correcto. Esta película no es nada más ni nada menos que una celebración a la vida, a la muerte y a todas las bondades libertarias de disfrutar un matriarcado. Desde lo cotidiano hasta lo sobrenatural, nos acerca con humildad y un humor exquisito a los reversos de la vida de una mujer, Antonia, y los cambios fundamentales que su feminismo intuitivo y liderazgo generaron en la vida de un pueblo entero.

Película holandesa (pero rodada en Bélgica), ambientada en 1945, escrita y dirigida por Marleen Gorris. Estrenada en 1995. Protagonizada por Willeke van Ammelrooy -Antonia-, Els Dottermans -Danielle-, Elsie De Brauw -Lara- y Carolien Spoor -Therese-. La hermosa musicalización de la misma estuvo a cargo de la compositora inglesa Ilona Seckaz.

La historia comienza recordando cuando Antonia retorna a su pueblo natal con su hija Danielle, poco después de la Segunda Guerra Mundial, del cual se había ido buscando una vida con más posibilidades que las mezquinas que le ofrecia esa tierra en la que se había criado. Por su condición de mujer, deberá atravezar obstáculos (¡infinitos!) tales como estereotipos de género que anclan a las mujeres únicamente a responsabilidades del cuidado del hogar, violencia de género tanto en espacios públicos como en sus propias casas, la escasa o nula capacitación y educación para ellas, y la tirana incapacidad cultural para pensar sus vidas más allá de las necesidades de supervivencia diaria.

Sin lugar a dudas entra al podio sororiteco haciendo un clavado olímpico. Recomendada para verla con una cajita de pañuelos cerca y al menos una amiga a mano porque une, porque hermana y porque lo hace de una forma tan sincera que les aferrará un nudito de emoción a la garganta que sólo un abrazo sororo aflojará.

Dato curioso: Tal es la fuerza feminista que la autora y directora, Marleen Gorris, quiere imprimirle al film que en un acto contestatario, simbólico y sumamente significativo sólo permitió la presencia de mujeres durante el estreno de este film en el Festival de Cannes

Y hasta acá llegamos si no la viste. ¡Nos leemos en unas horas!

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AVISO: La reseña que sigue contiene SPOILERS por todos lados. Si no la viste NO SIGAS LEYENDO. Te cago la película, en criollo.

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(Recomiendo leer esta reseña escuchando el Soundtrack Original , que también te dejo al final de esta página) 

Peliculón, no?

Ya desde el comienzo nos atrapa con ese espejo impactantemente patético de las metáforas que vivimos diariamente como mujeres. La madre de Antonia, incapaz de resolver o sanar en su momento todas las violencias perpetradas por su marido, muere enloquecida de ira. ¿Cuantas “Madres de Antonia” conocemos? Innumerables. Mujeres sufridas, atrapadas en una secuencia sin principio ni final de la que jamás encontrarán la salida sin feminismo ni sororidad. Así vivirán y así moriran. Si ellas no logran despertar y salir de su patriarcado interior, por más ayuda que tratemos de brindarles sólo lograremos enfurecerlas más. Al igual que Antonia, aveces el patriarcado interior de esa mujer es tan grave que simplemente debemos aceptar que ellas no desean salir de su payasesco estado y dejarlas ser sin que nos arrastren también a ese pozo de sufrimiento sin fondo. Porque la sororidad también es con una misma, y hay lazos que enferman si no los aceptamos y dejamos ser. Aunque duela, no podemos ayudar a quién no quiere ser ayudada.

La película nos muestra a Antonia y Danielle ejerciendo poder sobre sus propios cuerpos, mentes y espíritus, para luego ayudar a otres a recuperar y usar sus propios poderes. Al vivir coherentemente el respeto que se da con el que se pide, la gente con sensibilidad humana comienza a acercarse a Antonia, y a despertar en ese acercamiento.

Todos los masculinos a los que se les permite vivir junto a ellas en este universo matriarcal, feminista y equitativo no son (o se alejaron ya, a partir de el contacto con estas mujeres) los estereotipados “machos”. Son en su mayoría, personas que no entran dentro de la categoría que se requiere de los hombres, o por tener una condición mental diferente, o por inmigrante, o por ser demasiado alegre. Todos ellos aceptan unirse y son aceptados en el grupo como pares. Ése es el principio de un matriarcado feminista. Somos todes iguales, niñes y adultes, y el lugar en estas sociedades será dado por nuestras mejores capacidades, sin importar cómo seamos ni de dónde provengamos y viviremos abogando por la paz respetando nuestras hermosas diferencias y nuestras desiciones individuales.

Rescato este diálogo que mantiene Antonia (Danielle ríe en silencio en el fondo) con el Granjero Bas, a partir del cual éste despierta y cambia por completo su actitud:

Granjero Bas: Hola, quería hablar.

Antonia: De que?

GB: De tu y yo. De nuestro matrimonio. Pensé que ya que eres viuda y mi mujer murió… Eres una linda mujer… (A Danielle se le escapa la risa contenida)… mis hijos necesitan una madre.

A: Yo no necesito a tus hijos.

GB: ¿No?

A: No.

GB: ¿Tampoco quieres un marido?

A: ¿Para que? …Puedes venir de vez en cuando si quieres, hay mucho trabajo aquí y aveces nos supera. Te agradecería que nos ayudaras.

GB: ¿Y qué hay para mi?

A: Una taza de café, huevos frescos, verdura…

GB: Ya tengo todo eso.

A: ” … ” – (gesticulando un “QUE DECIRTE”)

GB: Bien. Lo pensaré.

La escena corta a la imagen del Granjero Bas yéndo a lo de Antonia vestido elegante, llevando una canasta, con todos los hijos en fila, bien vestidos y con ofrendas en sus manos.

La película además, realiza una crítica muy necesaria a la incuestionable entidad eclesiática, eternamente impune de todas sus violencias ejercidas. La critica tanto mediante Antonia, quién se burla de la misma en cada oportunidad que tiene (“Ahh…las monjas…aún no se extinguieron!”) como a través de Dedo Torcido:

Therese: “La madre Reverenda dice que Dios creó todo, pero no se pregunta quién creó a Dios”

Dedo Torcido: “La tragedia de los que creen en la religión es que la fe les gobierna el intelecto. En mi experiencia las religiones causan muerte y destrucción.”

Aunque Antonia (y todo su grupo) continúa acudiendo a la iglesia, a mi entender lo hacen ya que es el único espacio ganado de encuentro del pueblo en el que está aceptado que concurran las mujeres y no va a cederlo. Otro de los espacios sociales es el bar, pero allí la entrada está implícita y únicamente abierta a hombres (a excepción de Olga, la dueña del mismo). Sin embargo, Antonia y Danielle, ni bien llegan al pueblo concurren allí, se sientan en una mesa y piden un trago, en un acto de reivindicación femenina del espacio, sin retroceder ante el macho violento que es el Granjero Daan, y hasta bostezando Danielle (a modo de demostración de poder y aburrimiento) ante las insinuaciones de matrimonio que le hace él sobre su asqueroso hijo.

¿Por qué nos mueve tanto esta película? Porque denuncia a viva voz todas las violencias sufridas por las mujeres a lo largo de nuestras vidas, y sobre esto dice una frase casi al pasar (que se me quedó grabada a fuego en el corazón desde la primera vez que vi el film, cuando era chiquita, pero que recién ahora de adulta logro entender completamente su significado):

“Las voces de los hombres atropellaban el silencio de las mujeres”

Nos está diciendo “Mujer, no te calles. Nunca”. Ni ante un micromachismo “inofensivo” ni ante una violación incestuosa de una chica discapacitada por su propio hermano, o la violación de una nena, o la de una creyente por su propio cura.

Danielle hace lo que todas siempre quisimos hacer cada vez que nos encontramos con machos violadores: tener el valor y la desición de ir y simplemente clavarles algo bien filoso en la pija. Gracias Danielle por llenarnos de tanta alegría el corazón.

Es también ella quien, a través de sus fantasías mágicas nos invita a burlarnos de lo histórico, a romper todas las normas pre-establecidas y apreciar lo artístico y fantástico-milagroso de nuestras propias emociones y ocurrencias. Nos invita con el ejemplo a hacer realidad nuestros deseos sin ningún tipo de vuelta propia ni ajena. (Bueno, más que aquella cómica vertical concebidora!)

Quiero rescatar también que toda la familia, aunque interesada por completo, espera respetuosamente la desición de Therese sobre el embarazo que comunica. Y la discusión con Dedo Torcido es justamente por siquiera estar planteándose tenerlo, dándo un giro humorístico impecable y dándonos la inesperada satisfacción de que alguien esté diciendo esto en pantalla:

Dedo Torcido: “¿No te da pena el bebé?¿No preferirías salvarlo de la miseria de la vida?¿O al menos no ser culpable del crimen de darle vida? (…) No sé cómo puedes traer otro ser a este mundo…a este mundo podrido.”

Todos los personajes que conviven juntos tienen particularidades metafóricas interesantes, pero quiero puntualizar en Olga, la dueña del bar, el hecho de que sea a la vez partera y funeraria. Siento esto de suma importancia, ya que aunque puede pasar desapercibido en una primera mirada, si lo pensamos más profundamente ella personifica lo que la película nos dice desde el comienzo: La vida y la muerte componen un ciclo continuo sin fin ineludible e indivisible del que sólo nos queda disfrutar intensamente mientras transcurre.

“Deedee, no hay nada que hacer…hay que vivir la vida.”

Y claro que la vamos a vivir, Antonia! Junto a estas protagonistas (que se quedarán siempre con nosotras) y todas nuestras compañeras, la viviremos tanto que marcaremos el camino para que nunca más se espere de una niña llegada al mundo (sin importar su color de piel, cultura, clase social ni orientación sexual) que sea el decorado silencioso del universo de ningún chabón.

Y que viva la matria, carajo!!!

Les dejo, como siempre, parte del Soundtrack Original compuesto por la inglesa Ilona Seckaz.


Nos volvemos a encontrar en la próxima reseña!

Anna.

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